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Cleptómana
cleptomanía. (Del gr. κλέπτειν, quitar, y manía).
1. f. Propensión morbosa al hurto.Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Una sensación de última vez la acompañó desde el momento que metió la llave en la cerradura del departamento que podía haber sido suyo. Extrañó el recibimiento de P. y la alegría inconsciente con que reciben los perros a la gente cercana.
Ni siquiera se descolgó la pequeña cartera de su hombro. Atravesó el living iluminado por la claridad del mediodía porteño. En la cocina había un vaso que llenó de agua corriente. Tomó un poco y volvió a llenarlo. Regó las plantas que se juntaban cerca del ventanal que sale al balcón. También los potus que cuelgan de la parte superior de la heladera. Es de mala suerte tener potus dentro de casa -pensó- pero descartó la posibilidad de que esa creencia estuviera malogrando algo allí.
El panorama en la cocina se veía bien. Para cerciorarse aún más abrió la heladera con el olfato atento, por si el mal olor delataba algún alimento descompuesto. No. Todo estaba en su orden.
Casi por rutina se dispuso a revisar las habitaciones y el baño, que negaban una inspección visual desde el hall de distribución. Las puertas cerradas impedían la entrada de la luz hasta que ella accionó la manija de la puerta de la habitación principal. Otra vez, sus ojos recorrieron el lugar tan familiar pero al mismo tiempo lejanísimo. Ella sabía lo que contenía cada cajón, cada percha que pendía del tubo del placard. El perchero que había transportado con sus propias manos el día de los padres, descansaba en la esquina al lado de la ventana con el rosario colgado del pasante. Sobre la estufa eléctrica una remera invitaba al tacto. Se la llevó a la nariz; el aroma que adoraba le hizo cerrar los ojos por un instante.
En la otra habitación, estaba el placard abierto. Lo cerró antes de chequear si la computadora seguía desconectada. Dos entradas de cine llamaron su atención. “Los abrazos rotos. Village Recoleta. 4 de octubre de 2009. 01:00 hrs”. Se sintió mal cuando recordó dónde estaba y con quién a esa hora, ese día.
Quiso llevarse algo. Sí, por venganza, por causar alguna molestia, por dañar un poco.
Entró al baño porque estaba convencida de que encontraría su ropa interior tirada. En el piso se veían un calzoncillo y una camiseta que parecía de mujer. No le importó. Puso la ropa en el canasto al lado del lavarropas.
Parada en medio del living, buscaba qué podía sustraer de ese lugar y tenerlo consigo siempre, como prueba de su venganza. Sobre una mesa había un paquetico de fotos. Todas eran iguales, copias para algún documento de identidad o un pasaporte. No le favorecía la pose y mucho menos esa horrible camisa verde que tenía puesta. El verde no le quedaba bien. Sacó una copia.
Una ojeada final y se dirigió a la salida. Supo que no volvería a entrar por ahí.